Un rey familiar en el barrio de Sants

Escrito por  5 A taula | La Vanguardia

Un rey familiar en el barrio de Sants. Un rey familiar en el barrio de Sants.
Arturo es un clásico restaurante de barrio, que ofrece una cocina familiar y de mercado a una clientela fiel que valora la sencillez.

Sants is not Barcelona”, puede leerse en un blog en internet, pero a pesar de esta aseveración, lo cierto es que de hecho y de derecho el municipio de Sants se anexionó a Barcelona a finales del siglo XIX.

Una gran ciudad suele ser casi siempre el resultado de la anexión de sus municipios circundantes. Desde principios del siglo XIX el crecimiento industrial y demográfico de Barcelona corrió paralelo al de los diversos municipios que la circundaban, los cuales se beneficiaban de la dinámica de la ciudad. Tras la Exposición Universal de 1888, Barcelona, obsesionada con el modelo europeo, necesitaba crecer y planteó la absorción de los municipios que la rodeaban. Éstos, liderados por Gràcia, se opusieron al proyecto, igual, cómo no, que Madrid, que temía perder su condición de mayor ciudad de España.

Con la anexión en 1897 de Sants y de otros cinco municipios circundantes, Barcelona quintuplicó la superficie de su término municipal y aumentó un tercio su población. A principios del siglo XX Sants tenía 20.000 habitantes y era un municipio de marcado carácter industrial. Actualmente, el distrito Sants-Montjuïc tiene alrededor de 180.000 habitantes, y es el más extenso de Barcelona con una superficie de 2.090 hectáreas, que equivale a la cuarta parte de su término municipal.

Muchos de los barrios barceloneses, aunque plenamente integrados en la Gran Barcelona, siguen teniendo una destacable vida propia, básicamente en sus facetas festivas y culturales, y Sants es también en este aspecto un barrio muy singular. Quienes han nacido o viven en Sants se sienten y ejercen de santsens. La tranquilidad de sus calles, la idiosincrasia de sus comercios, la importancia de varias entidades de la llamada sociedad civil como pueden ser la Unió Ciclista de Sants, organizadora de la Volta Ciclista a Catalunya, o la delegación de la Unió Excursionista de Catalunya (UEC), los grupos teatrales del Centre Catòlic, y de Sant Medir y un largo etcétera, imprimen carácter al distrito.

Un municipio, barrio o distrito importante suele tener como mínimo un restaurante de referencia, y en Sants podemos encontrar el Arturo.

Arturo Jansá trabajaba en el Liceu de Sants, famoso bar de un centro recreativo-cultural, sede de va- rias entidades, entre ellas el Billar Club de Sants. Dicho local era también lugar de encuentro de personas con inquietudes cívicas.

En 1972, Arturo decide dejar el Liceu, y con su esposa, Eulàlia Canals, montar un bar de vermuts, acompañados de productos enlatados (aceitunas, berberechos, alme- jas etcétera).

“Fer el vermut” era una tradición muy arraigada hace 40 años. Solían tomarlo unos por la mañana, otros a mediodía o por la tarde, y algunos por la noche al salir de los talleres. Pero el bar fue ampliando tanto su continente como su contenido, y Eulàlia al frente de los fogones empezó a preparar pla- tos de cocina familiar y de mercado, ya que eran y son los mismos que preparaba en su casa.

En Arturo la carta es casi inexistente. Un muy eficiente servicio de sala, todos vestidos informalmente de negro, va cantando los platos del día, entre los que destacamos unas deliciosas habas a la catalana con butifarra, chipironcitos de playa con garbanzos, gambas de Llançà a la plancha, fesolets negros con cebolla y anchoas del Cantábrico, albóndigas con sepia, lentejas con bogavante, fesols de Santa Pau con tocino ibérico, o un auténtico pollo de corral, con rovellons de botó y ciruelas. Estos días pueden tomar- se también excelentes surtidos de setas, que si no son del país por lo menos son nacionales, y en temporada, calçots rebozados, alcachofas a la brasa o con jamón, y higos con jamón.

Arturo Jansá es hombre poco comunicador. En la sala le complementa su hijo Carlos, de una extraordinaria afabilidad, y en la cocina, su hija Anna y su prima Montse.

Una de las especialidades de la casa y así reza su tarjeta de visita, son las carnes a la brasa, entre las que destacaríamos la chuleta de buey, la espalda de cabrito, o bien los solomillos y los entrecots, todos procedentes de terneras de Girona.

Un punto y aparte merece el pescado: buen marisco, -navajas, cañadillas, almejas, tallarinas, etcétera–, cola de rape al ajo quemado, rapes de diferentes tamaños, calamares frescos, lenguado y merluza entre otros. Parecen todos recién salidos de la barca.

Entre los postres caseros deberíamos destacar la crema catalana y un buen surtido de sorbetes, y en temporada, panellets, coca...

Una regular bodega en la que predominan los vinos de Rioja y del Penedès.

Arturo es uno de estos restaurantes sencillos y poco conocidos, pero que al visitarlos a todos nos apetece la calidad de su cocina y de su servicio.

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